QUÉ VIAJÓ
Una gramática que cada pueblo puede adaptar
La fiesta catalana tiene una larga historia de fiestas locales, entidades, procesiones, fuego, danza, castells y reinvención. La contribución específica de Granollers fue hacer especialmente visible una gramática participativa; otros municipios adaptaron partes de ella.
La gramática avanza en cuatro pasos. Encontrar una historia local que pueda contarse. Dar al público bandos con nombre y abiertos a gente nueva. Hacer visible la participación mediante pruebas, actuaciones, comida, colores y trabajo colectivo. Convertir el resultado en una memoria cívica que vuelve cada año.
Los cuatro elementos dependen unos de otros. Los colores necesitan una historia local. La competición necesita hospitalidad. El programa necesita organizadores que lo lleven a la calle. El modelo granollerense los mantuvo juntos y dio a la colla ganadora un papel en el capítulo siguiente: elegir al pregonero.
La influencia aparece como una cadena de traducciones. En Llinars del Vallès, Mollet, Santa Eulàlia de Ronçana, l’Ametlla, Montornès, Canovelles y Sant Celoni cambiaron los nombres, el número de grupos y las pruebas. En Montmeló, el modelo se convirtió en una serie de retos que terminó después de una década. Fuera del Vallès, Premià de Mar y el Masnou adaptaron el impulso a identidades marineras e historias locales. La prueba está en la historia propia que cada municipio puso en el centro.
✳La cadena documentada es más fuerte en el Vallès y los municipios cercanos. En otros casos catalanes, las fuentes sostienen con más firmeza la idea de adaptación y semejanza que una única línea directa de transmisión.